Es posible que estés en un momento en el que te cuesta reconocer tu reflejo. Tal vez desde fuera todo parece estar bien, pero por dentro hay una insatisfacción que no sabes explicar. Sientes que has dado muchos pasos, que incluso has hecho trabajo personal, pero sigues repitiendo los mismos patrones en tus relaciones, sientes que no eres suficiente o te cuesta saber quién eres realmente cuando dejas de vivir según las expectativas de los demás.
Si eso resuena contigo, este artículo es para ti. Vamos a desvelar cómo es realmente una sesión de terapia Gestalt. Quiero que al terminar de leer sepas qué puedes esperar cuando decides empezar un proceso conmigo. Y sobre todo, quiero que sientas que hay una manera diferente de acompañarte: más humana, más cercana, más real.
Lo que vas a descubrir aquí (y por qué importa tanto)
Iniciar una terapia no es solo «ir a hablar con alguien». Es darte el permiso de dejar de fingir, de no saber, de mirar hacia dentro. Pero también es normal tener dudas: ¿Y si no sé qué decir? ¿Y si me cuesta abrirme? ¿Y si me siento vulnerable? Por eso este artículo va mucho más allá de explicar qué pasa en consulta: está pensado para que puedas imaginarte dentro, y reconozcas si este camino es para ti.
Vamos a hablar de lo que sucede en una sesión, desde la estructura hasta las emociones que suelen aparecer. Te mostraré cómo es trabajar desde la presencia, el cuerpo y lo que sientes de verdad, sin juicios ni exigencias. Te contaré también qué herramientas utilizo y qué tipo de experiencias compartimos. Y responderé con total honestidad las preguntas que muchas mujeres me han hecho antes de comenzar su proceso.
Este artículo también es una invitación a que te escuches. No necesitas tener todo claro. Solo necesitas estar dispuesta a mirar adentro. Si algo se mueve en ti al leer, quédate un poco más.
La sesión como espacio para volver a casa
No tienes que llegar sabiendo lo que te pasa
Muchas mujeres llegan a sesión diciendo: «no sé qué me pasa, pero no estoy bien». Y eso es suficiente. No necesitas un diagnóstico para empezar. Lo que sí necesitas es un espacio donde puedas parar y escucharte sin filtros, sin prisas, sin juicios.
Ese espacio lo creamos juntas. Desde la escucha, desde la presencia, desde lo que va apareciendo. A veces es una emoción que no podías nombrar. Otras veces es un gesto corporal que habla más que tus palabras. Y muchas veces, es un «me estoy dando cuenta» que marca un antes y un después.
Lo que sucede aquí y ahora es lo que trabajamos
En Gestalt no nos perdemos en explicaciones largas sobre el pasado. Lo miramos, claro que sí. Pero trabajamos con lo que aparece en el presente, porque eso es lo vivo, lo real, lo que está afectando tu forma de estar en el mundo. A veces lo que necesitas no es entender más, sino sentirte diferente.
Ejemplo real: una mujer comparte que se siente ignorada por su pareja. En sesión, comienza a darse cuenta de que también ella se interrumpe,se invalida, se resta importancia. Ese es el verdadero punto de inflexión: cuando deja de mirar solo hacia fuera y empieza a ver lo que está haciendo consigo misma. Ahí empieza el cambio.
No hay recetas, hay encuentros
Cada sesión es única. No seguimos una plantilla, sino lo que tú traes. A veces trabajamos con la palabra, otras con el cuerpo, otras con la respiración, otras con el silencio. Lo importante es que lo que hagamos tenga sentido para ti. No hay nada que «tengas que hacer». Hay cosas que puedes explorar.
Lo que puedes esperar en una sesión conmigo
Abrimos con una pregunta simple: ¿Cómo llegas hoy?
No es un formalismo. Es una puerta. A veces saldrá una situación concreta, otras veces solo una sensación corporal o una emoción vaga. Todo sirve. Lo importante es que empieces a escucharte. Y yo estaré ahí para ayudarte a traducir lo que sientes en palabras que te hagan sentido.
Acompañamos lo que aparece, sin empujar nada
Quizá aparece tristeza, rabia, vacío, miedo, culpa. Quizá aparece un gesto, una tensión, un suspiro. Lo miramos juntas. No lo corregimos, no lo evitamos, no lo interpretamos. Lo habitamos. Porque eso que está saliendo es lo que necesita ser visto.
No vienes a hablar: vienes a estar
Este no es un espacio para explicarte ni para justificarte. Es un espacio para estar contigo. A veces eso significa llorar. A veces significa darte cuenta de algo importante. A veces solo necesitas sostén. Todo eso tiene lugar aquí.
Cerramos siempre con una integración
Al terminar, recogemos lo vivido: no desde la cabeza, sino desde el cuerpo. «¿Cómo estás ahora? ¿Qué ha cambiado desde que entraste?». Esto ayuda a que te vayas con algo claro, algo que puedas llevar a tu vida cotidiana. Aunque sea una sensación. Aunque sea un silencio distinto.
Herramientas que podemos utilizar en sesión
Visualizaciones guiadas
Especialmente para trabajar con tu niña interior, con escenas de tu pasado que necesitan ser miradas con nuevos ojos. Las visualizaciones te permiten sentir sin la defensa del lenguaje, ir a lugares profundos con suavidad.
Ejercicios con el cuerpo y el movimiento
Si has vivido mucho en la exigencia o en el autocontrol, probablemente has desconectado de tu cuerpo. Trabajamos con respiraciones, posturas, gestos o simplemente trayendo atención a una parte de ti. Tu cuerpo tiene una sabiduría que vamos a aprender a escuchar.
Diálogos internos y trabajo con polaridades
Cuando hay partes de ti que se contradicen (por ejemplo, una que quiere poner límites y otra que teme quedarse sola), hacemos ejercicios de «silla vacía» para darles voz. Es una forma muy potente de integrar y dejar de luchar contigo misma.
Escritura terapéutica entre sesiones
Te propongo ejercicios para hacer entre una sesión y otra. No son tareas, son invitaciones: «¿Qué necesitas de ti hoy?», «¿Qué está intentando enseñarte tu tristeza?», «¿Qué no te estás permitiendo sentir?». Escribir es una forma de seguir escuchándote.
Dudas comunes antes de empezar (y respuestas que no esconden nada)
¿Cuánto dura una sesión?
Suele durar unos 60 minutos. Pero más que el tiempo, lo importante es la experiencia que te llevas. A veces una sola frase puede abrir una puerta interna que llevabas años cerrada.
¿Y si me cuesta hablar o me bloqueo?
Es más común de lo que crees. Y no pasa nada. No necesitas «hacerlo bien». Puedes estar en silencio, puedes llorar, puedes dudar. El espacio está para eso. La confianza se construye. Y yo estoy ahí para ayudarte a sostener lo que aparezca.
¿Tengo que contar cosas que me dan vergüenza?
Solo cuando tú quieras. Y si lo haces, nunca será desde la exposición. Será desde el respeto. Desde un vínculo de confianza donde no hay juicio ni etiquetas.
¿Esto me ayudará con mis relaciones?
Sí. Porque cuando cambias la forma en que te relacionas contigo, cambias también la forma en que te vinculas con los demás. Ya no desde la carencia o el miedo, sino desde tu verdad.
Si esto resuena contigo, es porque ya has empezado
No necesitas estar «lista» para empezar. Solo necesitas sentir que ya no quieres seguir en el mismo lugar. Que estás cansada de luchar contra ti. Que quieres aprender a apoyarte. A tratarte con más amor, más paciencia, más compasión.
Si quieres que te acompañe en ese proceso, puedes escribirme. Puedes conocer más sobre cómo trabajo en Senda Gestalt y también explorar el programa online Ámate más y mejor, diseñado para ayudarte a sanar desde la raíz y reconectar con tu esencia.
No estás rota. Estás a punto de volver a ti.
2 comentarios
Me parece bien, la verdad que me gusta la confidencialidad
¡Gracias por tu comentario! 💚
La confidencialidad es una parte esencial del proceso terapéutico. Tener un espacio seguro, donde puedes expresarte sin miedo a ser juzgado ni expuesto, es lo que permite que el trabajo sea realmente profundo y transformador.
Me alegra que lo valores.
Y si en algún momento te apetece dar el paso, puedes solicitar una sesión de valoración para ver si este tipo de acompañamiento es para ti. Estaré encantada de acompañarte 💚