El arte de dejar ir: soltar lo que ya no resuena

Hay momentos en la vida en los que algo se rompe por dentro. No es un estallido. No es un drama de película. Es más bien una sensación sutil, pero persistente: esto ya no encaja conmigo.

Y puede doler. Porque tal vez no hay culpables. Ni discusiones. Ni grandes catástrofes. Solo el eco de una relación que ya no vibra con tu presente. Una historia que fue, y que ahora te aprieta como una prenda que dejó de quedarte bien.

Soltar no siempre llega con rabia. A veces llega con una tristeza tranquila. Una especie de certeza muda. Un “no puedo seguir aquí”, aunque todavía quieras, aunque aún duela.

Y entonces empieza lo verdaderamente difícil: elegirte a ti.

De qué va esto (y por qué puede ayudarte si te duele soltar)

Este artículo es una mano tendida. Un espacio seguro donde vas a encontrar:

  • Palabras que te acompañen si estás atravesando un duelo relacional.
  • Claves para entender si lo que estás viviendo es una relación tóxica (aunque no lo parezca desde fuera).
  • Qué significa “soltar” de verdad, sin obligarte a olvidar ni a ir deprisa.
  • Cómo empezar a dejar ir sin sentirte egoísta, sin sentirte mala, sin volver a ti misma desde la culpa.
  • Ejercicios que uso en consulta y que pueden ayudarte a abrir espacio para lo nuevo.
  • Un lugar para que sientas que no estás sola, que lo que sientes tiene sentido, que se puede sanar.

Si estás en ese punto en el que intuyes que toca cerrar un ciclo, pero no sabes cómo, quédate un rato. No necesitas tenerlo todo claro. Solo estar dispuesta a escucharte con un poco más de honestidad que ayer.

Cuando una relación empieza a doler más de lo que sostiene

Lo tóxico no siempre grita. A veces se calla.

Pensamos en una relación tóxica y nos vienen a la cabeza imágenes extremas: gritos, celos, control, desprecio. Pero hay vínculos que desgastan en silencio. Que no se ven desde fuera, pero que por dentro duelen.

Esas relaciones donde te vas perdiendo poco a poco. Donde cedes sin darte cuenta. Donde estás cansada, pero no sabes por qué. Donde hay amor, sí, pero también ansiedad, dependencia, miedo o culpa.

En consulta, muchas veces las mujeres me dicen: “No sé qué me pasa. No me ha hecho nada grave. Pero ya no soy yo”.

Y ahí empezamos a tirar del hilo.

Soltar relaciones tóxicas no es dejar de querer. Es dejar de sostener algo que ya no te sostiene. Es escuchar el cuerpo cuando se encoge. Es mirar a la cara esa sensación de que ya no estás creciendo, sino sobreviviendo dentro de un vínculo.

¿Qué señales pueden ayudarte a ver con más claridad?

  • Estás más pendiente de no molestar que de ser tú.
  • Sientes que caminas sobre cristales.
  • Te da miedo decir lo que piensas por si se enfada, se aleja o cambia.
  • Te quedas esperando a que el otro cambie… y el tiempo pasa.
  • Te sientes sola, incluso cuando estás acompañada.
  • Revives patrones antiguos que pensabas superados.

Y no, no estás exagerando.

Lo que sientes tiene un sentido. Tu cuerpo no miente. Tu tristeza tampoco.

¿Por qué cuesta tanto soltar, incluso cuando sabemos que no va bien?

Porque una parte de nosotras aún espera que cambie

Solemos aferrarnos a las primeras versiones del otro. A las promesas. A los momentos buenos. A lo que podría haber sido. A ese “si yo cambiara”, “si él o ella entendiera”, “si todo fuera como antes”.

Pero no se trata de si fue bonito. Se trata de si hoy te hace bien.

Y muchas veces, soltar duele tanto porque no solo dejas a una persona: dejas también una parte de ti. Una identidad. Una etapa. Una historia que querías que funcionara.

Porque nos enseñaron que amar es aguantar

Especialmente a las mujeres, nos enseñaron a sostener. A cuidar. A perdonar una y otra vez. A sacrificarnos por amor. A quedarnos, incluso cuando ya no podemos más.

Entonces soltar se siente como fallar. Como rendirse.

Pero no es así.

Soltar no es abandonar. Es salvarte.

Sanar relaciones —incluida la relación con uno mismo— implica aprender a despedirse sin culpa. Porque solo cuando soltamos lo que no resuena, podemos abrirnos a lo que sí. Dejar ir es un acto de honestidad interna. Es escuchar cuándo algo ya no nutre, aunque duela aceptarlo. No se trata de rechazar el pasado, sino de hacer espacio al presente. Y eso es profundamente valiente.

Qué significa “soltar” de verdad (y qué no)

Soltar no es abandonar. Soltar es reconocer que algo ya cumplió su función. Personas,

hábitos, identidades o vínculos que un día fueron refugio pueden dejar de serlo.

Muchas veces nos aferramos por miedo: miedo a quedarnos solos, a equivocarnos, a

perder estabilidad. Pero lo que no se suelta, se convierte en peso. Y el peso termina

apagando la vitalidad.

Soltar no es olvidar

Tampoco es fingir que no duele. No es hacer como si no hubiera pasado nada. No es saltar a otra historia.

Soltar es un proceso. Un duelo. Una digestión emocional. Un “gracias por lo vivido” que convive con un “hasta aquí”.

Es habitar el dolor con respeto. Es permitirte extrañar, llorar, dudar… y aún así seguir caminando.

Soltar no siempre significa desaparecer

A veces no puedes cortar el contacto: hay hijos, familia, trabajo en común. Pero sí puedes cuidar tu energía, tus límites, tu lugar. Soltar es, sobre todo, desvincularte desde adentro. Dejar de esperar. Dejar de justificar. Dejar de perderte para sostener al otro.

¿Cómo empezar a dejar ir, sin romperte por dentro?

1. Nombra lo que sientes

Suena simple, pero es poderoso. Ponle nombre. Dilo en voz alta: “Ya no me siento bien aquí”. “Estoy viviendo una relación que me drena”. “Tengo miedo a estar sola, pero así tampoco estoy bien”.

Porque lo que no se nombra, te domina.

2. Date permiso para sentir

Permitirte llorar, enfadarte, sentir culpa, alivio, tristeza. Todo es válido. No intentes ir deprisa. No te compares. Tu proceso es único.

3. Escribe la carta que no vas a enviar

Una carta para decir todo lo que callaste. Para cerrar lo que quedó abierto. Para recuperar tu voz. Puedes escribirle al otro… o a ti misma. Lo importante es que salga. Que se mueva.

4. Haz un ritual simbólico

Puede parecer tonto, pero es muy potente. Toma un objeto que represente esa relación. Enciende una vela. Ponle palabras. Agradécele. Y luego… suéltalo. Quémalo, entiérralo, regálalo. Dale un cierre físico a lo que tu alma está soltando.

5. Busca acompañamiento si lo necesitas

Hay heridas que se abren cuando soltamos. Vacíos que nos dan vértigo. Patrones que no sabemos romper solas. Y ahí es donde la terapia puede ayudarte a volver a ti, sin perderte por el camino.

Si sientes que necesitas sostén, en Senda Gestalt puedes encontrar un espacio cuidado para transitar este proceso con amor y conciencia.

Algunas ideas que pueden ayudarte en tu renovación personal

Tu tiempo no fue perdido

No fue en vano. Lo diste todo con lo que sabías entonces. Lo viviste como pudiste. Ahora sabes más. Ahora puedes elegir distinto.

Estás aprendiendo a elegirte

Y eso es inmenso. Elegirte, incluso con miedo. Incluso sin tenerlo todo claro. Incluso temblando, es valioso.

Puedes construir relaciones sanas

Aunque vengas de vínculos difíciles. Aunque repitas patrones. Aunque no lo hayas visto en casa. Se puede aprender. Se puede sanar. Se puede construir de nuevo.

Algunas preguntas que suelo escuchar en consulta

¿Cómo sé si es momento de soltar?

Cuando sientes que te estás traicionando para quedarte. Cuando la relación duele más de lo que cuida. Cuando te pierdes más de lo que te encuentras. Cuando lo sostienes por miedo, no por deseo.

¿Y si me siento culpable?

La culpa suele aparecer cuando empezamos a romper patrones. Escúchala, pero no le des el mando. No eres mala por ponerte en el centro. Eres valiente por hacerlo.

¿Y si lo echo de menos?

Es normal. Echar de menos no significa que hayas tomado una mala decisión. Significa que fuiste capaz de amar. Y que ahora estás siendo capaz de soltar.

Soltar no es el final. Es una forma de empezar

Soltar es un proceso. No ocurre de un día para otro. No es lineal. A veces te sentirás fuerte. Otras, vacía. Otras, en paz. Y todo eso es parte del camino.

Pero llega un momento —créeme— en el que vuelves a respirar. En el que recuperas tu risa. En el que el corazón se abre sin miedo.

Soltar relaciones tóxicas es un acto profundo de liberación emocional y sanación relacional. Es el inicio de una renovación personal. De una vida que eliges conscientemente. Donde no te pierdes en el otro, sino que construyes desde lo que eres.

Y si necesitas alguien que camine a tu lado en este proceso, en Senda Gestalt te acompaño. Con escucha. Con respeto. Con un método que une Terapia Gestalt, coaching y experiencia en acompañar a mujeres que —como tú— decidieron no seguir donde ya no podían ser ellas.

Porque mereces una vida donde estar bien no sea una excepción, sino el punto de partida.

Soltar no borra lo vivido.

Honra lo que fue… y libera lo que ya no es.

Marta Jiménez

Marta Jiménez

Mi nombre es Marta Jiménez y ayudo a mujeres que han sufrido en sus relaciones sentimentales a superar estas situaciones y encontrarse a sí mismas para poder construir relaciones sanas. Y lo hago a través de un método personal que combina la Terapia Gestalt, el coaching y otras formaciones.
Si quieres aprender a construir relaciones sanas empieza hoy, solicita aquí tu sesión de valoración gratuita. Podremos conocernos mejor y hablaremos de cómo te puedo ayudar.

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