Hay momentos en los que no sabes ni lo que sientes. Estás triste, pero no sabes por qué. Tienes rabia, pero te la tragas. Te invade el miedo, pero lo tapas con mil cosas. En vez de estar contigo, te vas. Y cuando no estás, todo se desordena.
La gestión emocional no va de «controlar». No somos robots ni queremos serlo. Va de aprender a habitar lo que sentimos sin perdernos. De darte cuenta de lo que pasa dentro, sin juzgarlo ni huir. En este artículo te acompaño a entender qué significa eso desde el enfoque Gestalt, cómo se vive y, sobre todo, cómo se practica.
Aprender a sentir sin perderte (porque no todo se resuelve con la cabeza)
Si has llegado hasta aquí buscando gestión emocional, quizá estés en un punto en el que todo te sobrepasa o sientes que «ya no puedes más». No vamos a darte soluciones rápidas porque no existen. Pero sí podemos compartir herramientas reales, desde la experiencia y sin maquillaje:
- Por qué la terapia Gestalt pone el foco en el sentir, no en el cambiar.
- Qué significa regularte sin reprimirte.
- Siete formas de acompañarte emocionalmente sin exigirte «estar bien».
- Cómo usar todo esto en tu día a día, sin que sea otra carga más.
- Dudas que seguramente también te haces.
Y lo más importante: un recordatorio constante de que no estás solo/a en esto. En Senda Gestalt acompañamos cada día a personas como tú, que quieren reconstruirse sin dejar de sentir.
Sentir sin culpa: la propuesta de la Gestalt
Emociones que no estorban, sino que avisan
Sentir no es el problema. El problema es lo que nos contamos sobre lo que sentimos: «no debería afectarme tanto», «esto es una tontería», «debería superarlo ya». La terapia Gestalt nos propone una mirada distinta: lo que sientes tiene sentido, aunque no lo entiendas del todo. El primer paso es dejar de pelearte con eso.
El cuerpo como termómetro emocional
Antes de que pienses, ya sientes. Y antes de que sientas, tu cuerpo ya reacciona. Por eso, en este enfoque se trabaja desde lo corporal. Respiración, tensión, ganas de llorar, nudo en el estómago… Todo eso también habla de ti. Escuchar el cuerpo es empezar a regularte sin forzarte.
Hacer espacio a lo que hay
«Darse cuenta» es una frase que usamos mucho en terapia. No como una iluminación repentina, sino como una práctica constante. Darte cuenta de que estás apretando los puños. De que estás evitando llorar. De que lo que te duele no es lo que pasó ayer, sino lo que pasó hace años y nunca pudiste nombrar.
Siete formas reales de gestión emocional
1. Entender en qué punto estás (y no forzarte a avanzar)
Las emociones tienen su propio ritmo. A veces estás en la fase de darte cuenta, otras en la de resistirte, otras simplemente en el caos. Identificar en qué parte del proceso estás ayuda a no exigirte estar en otra.
Ejemplo real: Paula discute con su ex y se queda con una mezcla de rabia y tristeza. En vez de culparse por sentir eso, en sesión se permite explorarlo. No para resolverlo ya, sino para entenderse mejor.
2. Respirar para volver (aunque no cambie nada)
Respirar no siempre calma. Pero siempre te trae. Te trae al cuerpo, al ahora, a lo que está pasando de verdad. Cuando la mente se va, la respiración te devuelve. Aunque sigas triste. Aunque no entiendas. Pero estás.
Prueba esto: tres minutos prestando atención a tu respiración, sin modificarla. Solo observa. Qué cambia. Qué aparece.
3. Hablar con lo que sientes (aunque suene raro)
La silla vacía es una herramienta potente. Te sientas frente a una silla y hablas con una parte de ti. Tu miedo, tu rabia, tu parte exigente. Les das voz. Y de pronto, entiendes por qué estaban ahí. Muchas veces solo querían protegerte.
Ejemplo: Marcos tiene miedo a volver a confiar. Se sienta frente a ese miedo, lo escucha, lo nombra. Ya no es un monstruo, es una parte de él que quiere cuidarlo.
4. Dejar que hablen las dos partes que se pelean dentro
A veces queremos dos cosas contrarias. Y ambas tienen razón. Perdonar y alejarse. Hablar y callar. En terapia trabajamos estas polaridades para que no te bloqueen. Las escuchamos. Las dejamos hablar. Y algo nuevo aparece.
5. Mover lo que no puedes decir
No todo se habla. Hay emociones que se sueltan moviéndote. Bailando, gritando en una almohada, temblando. El cuerpo tiene su propio lenguaje. Escucharlo es otra forma de cuidarte.
Sugerencia: pon música que te remueva y muévete sin pensar. Observa qué surge.
6. Aprender a poner límites (sin sentirte culpable)
Mucho del malestar emocional viene de no poner límites. Decir «no» sin explicaciones. Alejarte cuando necesitas espacio. En terapia lo trabajamos desde el cuerpo y las emociones: qué sientes cuando dices que no, dónde te duele cuando te tragas lo que quieres decir.
7. Volver al presente (cuando todo se pone en bucle)
Cuando te atrapa el pensamiento repetitivo, lo mejor es volver al cuerpo. Anclarte. Nombrar lo que ves, lo que tocas, lo que suena. Algo tan simple como eso te saca del bucle.
Ejercicio: nombra cinco cosas que ves, cuatro que oyes, tres que tocas. Y respira.
Cómo aplicar todo esto en tu vida (sin que sea una exigencia más)
No es hacerlo perfecto. Es recordarte que puedes elegir
Estas herramientas no son para «ser mejor persona». Son para estar contigo. Para elegir qué hacer con lo que sientes. No siempre lo lograrás. Y está bien. Pero tener opciones ya cambia todo.
Escribir para no perderte
Un diario emocional no es solo para contar lo que pasó. Es para ver cómo lo sentiste. Dónde lo sentiste. Qué parte de ti hablaba ese día. Escribir ayuda a ordenar. A ver. A cuidar.
Propuesta: crea tu propio formato. Con dibujos, frases sueltas, colores. Hazlo tuyo.
Algunas preguntas que también puedes estar haciéndote sobre gestión emocional
¿La terapia Gestalt me va a ayudar a controlar mis emociones?
No se trata de controlar, sino de entender, sentir, expresar y acompañarte. El control muchas veces es represión disfrazada. Aquí buscamos libertad con presencia.
¿Necesito un terapeuta o puedo hacerlo solo/a?
Puedes empezar por tu cuenta. Pero si sientes que algo se repite, que algo duele mucho o que no puedes solo/a, pedir ayuda es un acto de fortaleza. En Sendagestalt estamos para eso.
¿Cuándo voy a notar cambios?
Cada uno tiene su ritmo. Pero cuando empiezas a escucharte, algo ya cambia. No porque el dolor se vaya, sino porque te acompañas distinto.
¿Y si siento que no puedo más?
Entonces no intentes más. Respira. Pide ayuda. No tienes que poder con todo. Estar mal también es parte del proceso.
Sentir como camino: volver a ti, sin prisas, sin culpa
La gestión emocional no es una meta, es una forma de estar contigo. Una manera más amable, más real, menos exigente. Si estás en ese punto donde todo duele o te sientes desconectado/a, empieza por sentir. Solo eso.
En Senda Gestalt podemos acompañarte si quieres. No para arreglarte, porque no estás roto/a. Sino para ayudarte a volver a ti. Porque de eso va todo esto: de volver. A sentir. A estar. A ser.