Nos han enseñado a escapar. A cerrar los ojos, a apretar los dientes y a pasar página rápido. «No llores», «No te enfades por eso», «Venga, anímate». Nos han metido en la cabeza que hay emociones buenas y malas. Que la felicidad es la meta y que todo lo demás, como el miedo, la tristeza o la rabia, es una molestia que hay que eliminar.
Pero yo, que llevo años acompañando a personas que han pasado por relaciones dolorosas, he visto una y otra vez que esa estrategia no funciona. Es como intentar sostener una pelota bajo el agua: tarde o temprano, salta con más fuerza. Las emociones no son un problema a resolver, son mensajeros. Y hoy quiero que aprendas a escucharlas, porque en su mensaje está la clave para construir una vida más plena y relaciones de verdad.
Un mapa para tu viaje interior
A lo largo de este artículo, te invito a parar y a mirar hacia dentro. Te voy a proponer un viaje sin juicio, donde tu única tarea es sentir y observar. Juntos, vamos a desenmascarar esos sentimientos que tanto te asustan. No se trata de un manual para “controlar” tus emociones, sino de un método para aprender a sostenerlas. Te mostraré cómo puedes transformar el miedo en un aliado que te guía, la rabia en la fuerza que necesitas para cambiar lo que no funciona, y la tristeza en una puerta a la sanación.
Si te sientes perdido, si las emociones te abruman y no sabes qué hacer con ellas, este es tu momento. Quiero compartir contigo las herramientas que combino de la Terapia Gestalt y el coaching para que dejes de luchar contra ti mismo y empieces a vivir en paz con todo lo que eres.
Cuando sentir es un acto de valentía
Vivir en esta sociedad nos ha convertido en expertos en evitación. Si nos duele algo, buscamos distracciones, nos refugiamos en el trabajo, en las redes sociales, en la comida… Cualquier cosa con tal de no sentir. Pero esa «solución» es el verdadero problema.
El mito de las emociones «negativas»
El primer paso para sanar es dejar de etiquetar. El miedo no es tu enemigo. Es el instinto que te avisa de un peligro. La tristeza no es un defecto. Es la respuesta natural a una pérdida, a un final. Si te niegas a sentirla y te fuerzas a estar bien, la tristeza se queda atrapada. He visto a muchas personas intentar «aceptar la tristeza» sin querer mirarla a los ojos, y terminan arrastrando un dolor crónico que envenena sus nuevas relaciones.
Lo que propongo es lo contrario: quédate con esa emoción sin juicio, y acompaña cómo la sientes en tu cuerpo, mira a tu emoción con compasión, y escucha cuál es el mensaje que te trae, ¿que necesitas ahora en tu vida? En las siguientes líneas amplío el mensaje para que tengas un paso a paso, sencillo de cómo hacerlo.
Tu cuerpo es el mapa de lo que sientes
Las emociones son mucho más que pensamientos. Viven en tu cuerpo. ¿Has notado cómo la rabia te calienta el pecho, o cómo el miedo te encoge el estómago? La Terapia Gestalt nos enseña a prestar atención a esas sensaciones. Te invito a hacer una pausa, cerrar los ojos y preguntarte: “¿Dónde siento esto?”. Al poner el foco en el cuerpo, dejas de dar vueltas en tu cabeza y te anclas en el presente. La emoción deja de ser una idea abstracta y se convierte en una sensación concreta que puedes observar, como si estuvieras viendo una película sin juzgar a los personajes.
Cinco pasos para habitar tus emociones
Aprender a manejar la rabia, a aceptar la tristeza y a sostener el miedo es una práctica diaria. No es magia, es un músculo que se entrena. Aquí te dejo los cinco pasos que enseño en mis sesiones.
1. Para, respira y nombra la emoción
El primer impulso es reaccionar. Elige el camino de la conciencia. Haz una pausa. Respira hondo. Y ponle un nombre a lo que sientes. “Siento rabia”, “Siento miedo”, “Siento tristeza”. Tan simple como eso. No hace falta que busques el porqué, solo que seas radicalmente honesta contigo misma en ese instante. Recuerdo a una clienta que solo decía que estaba “enfadada” con su ex. Al parar y sentirlo, se dio cuenta de que lo que sentía era, en realidad, una profunda vergüenza y frustración. Nombrar la emoción real fue el primer paso para sanar.
2. Localiza la emoción en tu cuerpo
Ahora, cierra los ojos y haz un escaneo interno. ¿Dónde se siente esa emoción? ¿Hay una presión en tu pecho? ¿Un nudo en la garganta? ¿Tensión en la mandíbula? No intentes cambiarlo. Solo sé consciente de esa sensación. Es el primer paso para dialogar con tu cuerpo en lugar de luchar contra él.
3. Escucha el mensaje
Cada emoción es un mensajero. La rabia no aparece por casualidad; a menudo te dice que se ha cruzado un límite. El miedo te está alertando sobre algo que es importante para ti. La tristeza te indica que hay algo que necesitas soltar o despedir. Pregúntale a esa emoción: “¿Qué vienes a decirme?”. La respuesta no vendrá de tu cabeza, vendrá de tu intuición.
4. Actúa con conciencia, no por impulso
Una vez que has escuchado, es el momento de la acción. Y aquí es donde la mayoría se equivoca. Actuar no significa explotar si sientes rabia. Significa honrar el mensaje de esa rabia. Si te dice que se ha cruzado un límite, la acción consciente puede ser poner un límite claro y sano. Si el miedo te alerta de un riesgo, la acción es planificar con calma. Es un cambio sutil pero transformador.
5. Suelta y regresa a tu centro
Las emociones son como las olas: llegan y se van. No te aferres a ellas. Cuando hayas sentido, escuchado y actuado, es fundamental que sueltes. La respiración es tu mejor herramienta. Inhala profundamente y exhala lentamente, visualizando cómo sueltas la tensión. Vuelve a tu presente. Has hecho tu trabajo.
Profundizando en tu camino
Si quieres ir más allá de la teoría y empezar a aplicar esto en tu vida, te propongo algunos ejercicios sencillos que puedes incorporar.
El diario de emociones: tu brújula interna
Escribir es una forma poderosa de sostener el miedo y dar espacio a lo que sientes. Toma una libreta y haz un ejercicio simple:
- ¿Qué sentí? (Rabia, miedo, tristeza…)
- ¿Dónde lo sentí en mi cuerpo?
- ¿Qué mensaje me traía?
- ¿Qué hice o qué podría haber hecho para honrar ese mensaje?
Este ejercicio te ayuda a aceptar la tristeza y otras emociones, viéndolas como aliadas en lugar de una amenaza.
Preguntas frecuentes sobre emociones difíciles
¿Es malo llorar mucho? Para nada. Llorar es una respuesta natural de tu cuerpo para liberar tensión y procesar el dolor. Reprimir las lágrimas es como ponerle un tapón a una botella de champán agitada: la presión se acumula y puede explotar de formas que no quieres. Permítete sentir.
¿Cómo puedo dejar de sentirme tan ansiosa? La ansiedad es a menudo el resultado de emociones no expresadas ni reconocidas, puede ser un miedo que no quiere ser mirado. En lugar de intentar «dejar de sentir» la ansiedad, te invito a observarla. Siéntate con ella. Siente esa incomodidad en tu cuerpo y pregúntale: “¿¿Qué hay debajo de mi ansiedad?”. Intenta reconocer la emoción para que la ansiedad pierda su poder sobre ti. Si este es un tema recurrente en tu vida, te animo a visitar mi programa, donde hablo más sobre cómo acompañarte en este proceso.
Tu vida, tu responsabilidad
Afrontar emociones difíciles no es una tarea fácil, pero es la única manera de vivir de verdad. Es el acto más valiente que puedes hacer por ti misma. No se trata de eliminar lo que no te gusta, sino de aprender a habitar tu propia vida, con todas sus luces y sombras. Al hacerlo, dejas de ser una víctima de lo que te pasa y te conviertes en el protagonista de tu propia historia.
Este es el primer paso para construir relaciones sanas, para encontrar tu lugar en el mundo y para, finalmente, ser tú misma. Si sientes que necesitas un guía, alguien que te acompañe en este viaje, te animo a que explores lo que puedo ofrecerte. Este es el momento de invertir en ti y en tu bienestar. Te espero en Senda Gestalt.